Posteado por: Concha Huerta | 03/05/2017

Un Americano en París

Comenzamos mayo con un musical. Un americano en París en el Dominion Theatre. Esta nueva versión basada en la película de 1951 de Vincente Minnelli/Gene Kelly se estrenó en Broadway en 2015 convirtiéndose inmediatamente en uno de los musicales más premiados de la temporada.

Enamorado de los musicales desde su adolescencia, el coreógrafo británico Christopher Wheeldon, que también dirige el musical, se ha volcado en esta primera experiencia en el género, en un verdadero homenaje a los musicales de Broadway incorporando a media docena de temas clásicos algunas piezas menos conocidas de los hermanos Gershwin.

El resultado es impresionante. 30 bailarines en escena, espectaculares coreografías y un escenario que no para de moverse con juegos de espejos y piezas móviles creando el marco perfecto para esta historia del veterano de guerra que decide quedarse en París cuando es repatriado tras la guerra seducido por una misteriosa joven parisina.

I Got Rythm, ‘S Wonderful, They Can’t Take That Away For Me, nos llenan de ritmo y música literalmente, imposible no seguir los acordes desde la butaca, y recordar la genialidad de George e Ira Gershwin. Las coreografías mezcla de ballet clásico y danza moderna dan al musical una dimensión nueva al nivel del Royal Ballet de Londres.

David Seadon-Young interpreta con acierto a Adam el compositor que se hará inseparable de Jerry, el protagonista. Nosotros vimos a Asley Day, segundo intérprete de Jerry que hace el papel de Gene Kelly con notable alto. Haydn Oakley estupendo en su papel de Henri el tercero en discordia. Pero es la protagonista, Leanne Cope la que sobresale sin duda. Exquisita bailarina del Royal Ballet, borda a la tímida Lise, a la que diera vida Leslie Caron en la película. Todo un acierto.

Un Americano en París supera nuestras expectativas. Dos horas disfrutando de algunas de nuestras canciones favoritas, de piezas de ballet impresionantes y una puesta en escena de lujo. Sin duda, uno de los mejores musicales que se pueden disfrutar esta temporada en el West End de Londres.

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An American in Paris. Música y letras de George e Ira Gershwin. Libreto, Craig Lucas. Dirección y coreografía de Christopher Wheeldon. Adaptación de Rob Fisher. Dominion Theatre. Londres. Hasta el 30 de septiembre de 2017.

Posteado por: Concha Huerta | 17/04/2017

Fuerzas de la naturaleza

Un paseo por Mile End. Narcisos blancos y amarillos salpican la hierba que cubre las vías reconvertidas en jardines. Sol, nubes. El tiempo típico de la primavera en Londres. En un vado encuentro la entrada de un museo cubierto. Dentro pedazos de madera, piedras y raíces que exaltan las fuerza de la naturaleza.

Desde los orígenes de la nuestra historia la naturaleza ha cumplido un papel fundamental en las expresiones artísticas. Esta exhibición examina el modo en que el los artistas contemporáneos se inspiran en ella, en su carácter efímero, siempre cambiando, siempre en movimiento.

Algunos artistas como Robert Smithson realizaron en los años 70 intervenciones monumentales en la naturaleza como “Spiral Jetty” creada en Great Salt Lake cerca de Utah, con barro, sal, rocas, tierra y agua. En aquellos años el británico Richard Lang diseñaba sus primeras obras centrándose en el concepto del paseo, del tiempo y la distancia. Muchos artistas actuales utilizan la fotografía y video para intentar capturar el carácter efímero de la naturaleza. Otros utilizan materiales orgánicos con los que exploran nuevas vías para de definir nuestra relación con la naturaleza.

En nuestra agitada vida moderna solemos caer en el error de creer que la Naturaleza es una entidad autónoma que existe al margen de la raza humana. Nada más lejos de la realidad. Los humanos somos desde luego parte de ella. Es fácil ver las similitudes entre la apariencia de las raíces de un árbol, las ramas y los ríos y nuestras propias arterias o el diseño de nuestros bronquios. Esta exhibición llama la atención sobre nuestra desidia y nos hace volver a admirar la creatividad explosiva de la naturaleza.

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Adeline de Monseignat. Ovum, 2017.

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Richard WH Hudson. Jurassic 1, 2015

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Giuseppe Penone. Thirty-Three Herbs, 1989

Force of nature. The Art pavilion. Mile End Park, Clinton Road. Londres.

Posteado por: Concha Huerta | 05/04/2017

Restaurantes en Londres: The Frog

Quería recomendaros The Frog, el restaurante del chef Adam Handling en Spitafields. Ganador del título Mejor Chef escoces en 2011 y 2015 y  chef más joven de la historia del hotel Fairmont St Andrews, Adam Handling abrió The Frog el verano pasado en Londres, incorporando a la mayoría del equipo de su anterior restaurante en Westminster.

The Frog tiene un cierto aspecto bohemio, descontraído, con paredes de ladrillo visto y una terraza cubierta que amplía este espacio en el corazón del Shoredich, uno de los barrios más de cool de Londres. La carta sin embargo esta muy elaborada. A sus 28 años, Adam Handling despliega una intuición para mezclar sabores y texturas sobresaliente.

Como entrantes  probamos las “tapas británicas” verdaderas protagonistas de la carta. Pan de masa madre recién horneado con mantequilla de pollo con un toque de sal. Una tostada con tomate y albahaca muy crujiente, unos bastoncitos de remolacha en varias texturas muy curiosos, una patata ahumada con cebollitas tiernas de sabor diferente.

Después probamos filetes de caballa con yogurt y algas de sabor intenso y unos chipirones tiernos con piel de patata crujiente, ajo negro y crema ácida, sobresalientes, pedimos un segundo plato de refuerzo. También nos gustó el cordero con ajo salvaje y salsa de hierbas en su punto. Como los platos son pequeños nos recomendaron pedir 3 o 4 a cada una.

Para terminar probamos una mus de chocolate con toffe y cerezas, deliciosa y un postre de fruta de la pasión, ron y coco muy refrescante. Los platos muy elaborados no pierden sin embargo ni un ápice de su sabor, se nota la calidad de las materias primas y se convierten en una delicia para los sentidos. The Frog es ya uno de nuestros restaurantes favoritos en Londres.

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Adam Handling en la terraza de The Frog. Foto: Matt Writtle

20170330_211951Las patatas  ahumadas con cebollitas y nabo

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Chipirones con ajo negro. Fotos C. Huerta

The Frog by Adam Handling. 2 Ely’s Yard, Old Truman Brewery, Hanbury Street E1 6QR. Email: bookings@thefrogrestaurant.com, Tel: +44 (0)20 3813 9832

Posteado por: Concha Huerta | 27/03/2017

Madrid, Primavera

La semana pasada comenzó la primavera. El puente de San José el sol nos regaló unos días veraniegos, pero la entrada oficial de la primavera trajo consigo un frente frío, tan frío que  incluso nevó el jueves. Hacia años que no veía copos tan gruesos.  El viernes y el sábado continuaron las heladas, caprichos de la Naturaleza que pasa de 24 a 4 grados en tres días. Parece que  la ausencia de manchas solares en esos días enfría nuestro planeta. En cualquier caso, qué frío hemos pasado en Madrid estos días. 

El domingo volvimos a disfrutar del sol y las temperaturas ascendieron a 15 grados. Paseo con la cámara por El Retiro. Una tregua a los coches y el asfalto que domina el centro de Madrid. Las ramas relucen con el sol de mediodía y parecen más erguidas. Me acerco y descubro que cada punta se ha alargado  hasta transformarse en una yema de vida. De aquí a poco brotarán de nuevo centenares de hojas que vestirán el resto del año con alegría.

La hierba de un verde intenso salpicada de margaritas. El murmullo de la ciudad se aleja mientras dos mirlos se saludan en las alturas. En medio de la pradera un cerezo cargado de pétalos rosados. Dos abejorros se emborrachan de polen y néctar. Siempre me ha sorprendido que los frutales desplieguen sus flores antes de cubrirse de hojas. Su aroma me envuelve en una nube de sosiego y esperanza. Bienvenida sea la primavera este año.

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magnoliasFotos: C. Huerta.

Posteado por: Concha Huerta | 17/03/2017

Travesties

Quería recomendar una de las últimas obras que hemos visto en Londres. Se trata de Travesties (Parodias), nueva adaptación de una de las primeras piezas de Tom Stoppard, autor de Arcadia y del guión de Shakespeare in Love. Travesties es una comedia centrada en un personaje, al parecer real, que aparece en un cameo en el Ulises de James Joyce.

El anciano Henry Carr, brillantemente interpretado por Tom Hollander en su vuelta a las tablas británicas, intenta recordar a los personajes ilustres que conoció en el Zúrich de 1917 cuando era cónsul británico. Entre ellos James Joyce, Peter McDonald,  que estaba montando La importancia de Llamarse Ernesto de Oscar Wilde ese año en la ciudad suiza, y que incluso llegó a ofrecerle el papel protagonista.

En la historia aparecen también el alocado poeta dadaísta Tristan Tzara, Freddie Fox, y hasta Lenin, Forbes Mason, que estaba intentando volver de incógnito con su mujer a Rusia tras la revolución bolchevique. El grupo se completa con la bibliotecaria Cecily y la hermana del cónsul, Gwendolen, interpretadas por Claire Foster y Amy Morgan. Tampoco falta el mayordomo, sospechosamente versado en los asuntos políticos de la época.

Las escenas se repiten por los problemas de memoria del protagonista, mezclando crítica social de clases, conversaciones filosóficas sobre el valor del artista y puros celos por un absurdo malentendido, muy en la línea de la pieza de Oscar Wilde. Los diálogos de Stoppard son brillantes, todo un homenaje a sus autores favoritos y los actores sobresalen en esta función en la que no faltan danzas, cantos ni desde luego carcajadas.

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 Tom Hollander como Henry Carr

Gwendolen, Cecily, Joyce

Amy Morgan, Peter McDonald  y Claire Foster como Gwendolen, Joyce y Cecily

Travesties de Tom Stoppard. Dirigida por Patrick Marber. Apollo Theatre. West End. Londres. Hasta el 29 de abril de 2017.

Posteado por: Concha Huerta | 12/03/2017

Londres, marzo

Comenzamos el mes entre corrientes heladas y lluvia fina. La niebla se despereza tranquila. El cielo perennemente cargado de un gris plomizo. De cuando en cuando intervalos de luz entre lluvias que nos animan a salir a la calle con un toque de esperanza y  entusiasmo. Hay que aprovechar mientras no llueve para tachar de la lista compras y citas.

Al entrar en las tiendas una sensación de calor que apabulla. La diferencia de temperaturas entre la calle y los interiores es realmente exagerada, sospecho que en invierno aquí casi no se ventila. Imposible no pillar un constipado que luego tardamos en despachar dos semanas. La humedad se cuela entre la ropa hasta los huesos. Entre salida y salida, una taza de té reconforta el espíritu.

El domingo pasado un día increíble. Las cuatro estaciones fundidas en una sinfonía de nubes, viento y  aguanieve coronada con un arcoíris inmenso. Hacía tiempo que no disfrutaba de un espectaculo tan bello. El lunes vuelta a la niebla y a los grises. Frío, niebla, llovizna. La rutina de un invierno británico. Pasan los días.

El sábado nos sorprende un cielo azul sin limites. La luz inunda el salón bendiciendo las orquídeas. Salgo a enviar una carta, me sobra el abrigo y la bufanda. Los cerezos del vecino hinchados de capullos rosados, las ramas desnudas engrosando sus puntas. Una brisa cálida me arranca una sonrisa.

En el patio de enfrente cuatro niños corretean empujando una bola entre dos porterías de madera blanca, la vecina de al lado poda rosales escuchando música. El vecino de la esquina saca del coche cajones repletos de macetas coloridas. El barrio se anima con la primavera que llega.

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Londres, marzo 2017. Fotos: C. Huerta

Posteado por: Concha Huerta | 28/02/2017

Figuras Ocultas

Quería recomendar Figuras Ocultas (Hidden Figures), una de las candidatas a Mejor película en los últimos Oscar. Se trata de la adaptación del libro de Margot Lee Shetterly, sobre el papel de las mujeres de color en el lanzamiento de la carrera espacial en USA.

Año 1961, en plena Guerra fría la URSS lidera el programa espacial tras completar su primera órbita espacial el Sputnik. El presidente Kennedy presiona a la recién creada NASA para que pongan a su propio astronauta en el espacio. Los problemas no son pocos. Desde el punto de vista de la ingeniería, las cápsulas perdían sus escudos protectores en los túneles de viento, se desconoce cómo reacciona el cuerpo humano en el espacio, y tampoco se sabe cómo hacer que la nave una vez en el espacio vuelva a la Tierra.

Todo eso requería una ingente cantidad de cálculos matemáticos, que antes de la instalación del primer computador IBM, se hacían a mano. Lo primero que me sorprende es descubrir que el departamento de computación de Langley estaba exclusivamente integrado por mujeres. Y no digamos el descubrir a un pequeño grupo de mujeres de color, verdaderos genios de los números, que trabajaban semi-ocultas en el ala oeste de Langley.

Katherine Johnson (Taraji P Henson) pasó de niña prodigio de la geometría a ser la primera mujer de color que trabajo en las órbitas espaciales, resolviendo no pocos problemas. Luego conocemos a Dorothy Vaugham (Octavia Spencer) con un talento natural para el liderazgo y la mecánica, y a Jannelle Monae (Mary Jackson), la joven que conseguiría ser la primera graduada en ingeniería en una universidad de Virginia.

A pesar de las dificultades de la segregación, fueron capaces de aplicar su genio a algunos de los mayores problemas con que se encontraban la NASA, y su aportación resultó vital para que John Glenn pudiera completar su primera órbita alrededor de la Tierra y volver a casa sin problemas. Increíble que no se haya divulgado esta historia hasta ahora. Un hito histórico que lanzó a USA a la carrera espacial.

Figuras Ocultas me ha parecido es una película fantástica. Por la historia que estremece, más aun sabiendo que está basada en hechos reales. Por la actuación, sobresaliente, tanto las tres protagonistas como los secundarios entre los que sobresale Kevin Kostner, Kirsten Dunst, Jim Parsons y Mahershala Ali. Un reparto que ha sido premiado tanto por Sindicato de actores como en los Premios de la Crítica. Es una de esas películas en la que uno sale con el espíritu inflamado. Las cosas que puede hacer el ser humano cuando los retos son inimaginables. Todo un ejemplo.

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Posteado por: Concha Huerta | 17/02/2017

Australianos en la National Gallery

Hace algunos años los conservadores del museo Van Gogh de Ámsterdam descubrieron una inscripción en uno de los retratos más fieles que se conservan del artista. La inscripción decía, “Para Vincent, con amistad”. El autor y amigo resultó ser no un colega francés de los que le visitaban con frecuencia sino el australiano John Peter Russell, uno de los artistas cuya obra muestra la National Gallery en esta exposición .

Esta anécdota, poco conocida, nos muestra como artistas de tierras tan lejanas se vieron atraídos por la fascinación de un estilo que se abría paso en Europa a finales del XIX. En 1881, Russel abandona su trabajo como ingeniero en Sídney y viaja a Londres y después a París donde conocerá a Van Gogh, Toulouse Lautrec, Monet, Sisley y Matisse. Vivió 30 años en Francia dedicado a su pasión por la pintura. Russell abandonó el realismo inicial por una pintura llena de luz, pinceladas gruesas y colores, al estilo de los demás artistas australianos cuya obra descubrimos en esta exposición. Tom Roberts, Arthur Streeton y Charles Conder.

En la entrada un grupo de lienzos pequeños entre marcos enormes. Escenas netamente europeas, sobre todo francesas. Sin embargo, cuando se exhibieron en Melbourne en 1889, en una muestra que se llamó 9 x 5 (el tamaño en pulgadas de los lienzos) se prendió la llama impresionista en los artistas locales, contagiando sus lienzos de las técnicas y puntos de vista europeos. Arthur Streeton plasma en azules intensos el río Hawkesbury entre bancos de maíz dorado, Tom Roberts carruajes y vagones en la polvorienta calles de Melbourne.

Los paisajes se vuelven misteriosos, amenazadores, inmensos, con minas traicioneras y rebaños desesperados en busca de agua fresca. Los lienzos de gran formato, con colores y luces intensas. Sol, polvo, calor, verano. Imágenes de Australia desde el punto de vista de los colonizadores, sin una sola mención a aborígenes ni especies autóctonas, que nos dejan con un cierto sentimiento de pérdida.

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Antibes, c1890-92.  John Peter Russell. Foto: © Gallery of New South Wales, Sydney

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Trafalgar Square, 1904.  Tom Roberts. Foto: © Art Gallery of South Australia, Adelaida

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Arthur Streeton.  The purple noon’s transparent might, 1896. Foto: © National Gallery of Victoria, Melbourne.

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Impresionistas australianos. National Gallery de Londres. Hasta el 26 de marzo de 2017.

Posteado por: Concha Huerta | 01/02/2017

El Hombre que plantaba árboles

Hay libros que nos trasladan a mundos imaginados, otros a historias del pasado más o menos conocidas, libros sobre ficciones de mentes soñadoras,de sentimientos y experiencias de vida, sobre prácticamente cualquier tema. Qué complicado es elegir entre los cientos de títulos que encontramos en las librerías.

Por eso, cuando encuentro alguna joya me lleno de júbilo. Una joya como la última edición de El Hombre que plantaba árboles, de Jean Giono, con ilustraciones de Pepo Bianchessi. La obra de Jean Giono (1875-1970), autor francés que centraba su obra en la Provenza, mezcla un humanismo natural con una revuelta contra la sociedad del siglo XX, marcada por el totalitarismo y amenazada por la mediocridad.

El Hombre que plantaba arboles es un relato corto, apenas 60 páginas, publicado en 1953, sobre la relación entre el hombre y la naturaleza. Una fábula sobre el tesón y la bondad que surgen del cultivo de la tierra. Un canto de esperanza y alegría que recomiendo a los que como yo disfruten de la lectura.

1910. Un viajero se queda sin agua en un paraje desolado cerca de los Alpes hasta que se cruza con un pastor que le muestra un arrollo escondido. Intrigado por este personaje que vive tan aislado del mundo, decide quedarse unos días con él. El pastor, tras enviudar, decidió reforestar el páramo a golpe de bastón, con el que abre un hueco en la tierra, sembrado las bellotas que ha conseguido reunir. Cada día un poco más lejos.  Pasa el tiempo. El viajero, traumatizado por la Gran Guerra, decide volver a visitar al pastor. Quedará sorprendido con lo que encuentre.

Las palabras de El Hombre que plantaba árboles son sencillas, un bálsamo que irradia paz y nos devuelve la confianza en el género humano. Las ilustraciones, bellísimas. Qué acierto de reedición en estos tiempos de incertidumbre, donde vivimos desconcertados con tantas noticias que invaden nuestras rutinas. Qué maravilla poder dedicar un tiempo al recogimiento, a reconectar con lo más cercano a nuestro espíritu, la naturaleza.

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El Hombre que plantaba árboles. Jean Giono. Ilustraciones de Pepo Bianchessi. Duomo Ediciones. 2016. 60 págs.

Posteado por: Concha Huerta | 23/01/2017

Enero, frío, gripe

Tras unos días fantásticos llenos de luz y paseos por la playa, llego la ola de frío a la costa y con ella el malestar y las gripes. Yo aguante bastante bien hasta la semana pasada en que algún amigo o enemigo me regalo uno de esos virus que te dejan sin resuello. Al principio pensé que me había sentado mal la comida, nada que una dieta blanda no pudiera recuperar en un par de días. Al tercer día me di cuenta de que el cuerpo no me respondía. Apenas podía abandonar la cama ni mantener los parpados abiertos. Pase tres días en duermevela. Lo peor viajar en este estado. 55 minutos me parecieron una odisea y los pasillos de la T-4, infinitos. Por no hablar de los 3 grados de una ciudad que parecía un fantasma.

Estamos en invierno. Es normal es que haga frío. Pero a mí el frío no me va nada. Entré por la puerta y me fui directa a la cama. ¿Una noche? ¿Un día? Envuelta en el edredón las horas se difuminan. Sobrevivo a base de caldos y agua. Apenas puedo levantarme. El dolor de cabeza no me deja leer ni escuchar música.  Cierro los ojos y deseo que no me duela nada.

Esta tarde he conseguido levantarme, deshacer un poco la maleta y encender el ordenador. Se me agotaron las fuerzas. Ahora toca caldo de gallina y otra noche inmersa en un sueño profundo. A ver si mis defensas terminen ya con tanto intruso. Espero poder recuperar mis rutinas. Tengo una lista tan larga. Mañana o pasado mañana.

Desde aquí un recuerdo a todos aquellos que como yo han sido víctimas de esta gripe.

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T-4.  Foto: C. Huerta

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