Posteado por: Concha Huerta | 25/01/2010

En la escalera

–        Doña Rosa, ¿qué hace parada en medio de la escalera?

–        No sé.

–        Ya sabe que no le conviene subir sola.

–        Tenía que hacer arriba.

–        Podía haberme llamado, estaba en la cocina.  

–        Creo que a tu padre le hace falta algo.

–        Ande, baje y siéntese a la mesa antes de que se le enfríe el desayuno.

–        Las gafas. Siempre se las olvida y no puede leer el periódico.

–        Lo que no puede usted es dejar de desayunar y de tomarse las medicinas.

–         O el reloj. Se lo quita para lavarse las manos y luego no lo encuentra.

–        Doña Rosa, se hace tarde, tiene que ir terminando y arreglarse.

–        Subía a preguntarle que quería pero ya no estaba.

–        Ha debido ser el viento. Se cuela por las ventanas.

–        Tu padre llamaba desde el rellano pero no le entiendo. Últimamente habla en susurros.

–        Recuerde que la esperan a las once. Y con este vendaval, tendremos que apresurarnos.

–        Siempre dando voces. Le dije que no necesitábamos tanto cuarto, que era mejor un piso. Pero le gustaba vivir por todo lo alto, como a su hermana. Maldito el día en que conoció a ese Fernando. Y sus negocios, cosa sucia. No se hace tanto dinero de la noche a la mañana.

–        Doña Rosa, la próxima vez que quiera subir me llama y la ayudo.

–         Niña, te he dicho mil veces que no quiero que bajes corriendo, que las escaleras las pule el diablo.

–        Cálmese y vamos a la cocina  que va a coger frío.

–        Todo el día subiendo y bajando escalones hasta consumirte las fuerzas.   

–        Asegúrese a mi brazo. De un pasito y luego otro.

–        Maldita escalera.  Cualquier día tenemos un disgusto.

–        Le he preparado las tostadas con la mermelada de fresa que le gusta. Luego nos vamos a  poner el vestido de seda negro y el collar de perlas que hoy la espera el padre Santos para el oficio. Ya estamos a tres de marzo.

–        Y ¿por qué me entretienes en la escalera?

Foto: C. Huerta

Este relato forma parte de un reto lanzado por carme carles y david silva, para escribir relatos que tuvieran una escalera como parte de la trama. Una experiencia en la que han participado entre otros : 

micromios.

cuento chino.

historias ciertas y no tanto.

anne fatosme.

david silva.

http://noentiendonada.wordpress.com


Responses

  1. Bonita historia Concha. La vida nos lleva por la escalera y en cada peldaño creemos encontrar lo que se ha ido.
    Salut

    • Gracias micromios. Una experiencia esto de compartir temas de relatos. Me apunto a la próxima. Un saludo

  2. Creo que en este caso, la escalera no lleva a ninguna parte. Qué terrible ha de ser no ser quién eres ni qué pasa a tu alrededor. Si subes o si bajas. Si vienes o te has vuelto. Mi abuela dejó este mundo cuando se dio cuenta que no iba a ser capaz de subir ninguna más por su propio pié.
    Saludos

    • Esa es la imagen de la que parte mi relato. La de aquellas personas para las que una escalera supone un obstaculo insalvable. Una escalera y casi todo en la vida, y el corage de la mente dispuesta a imaginar nuevas realidades.
      Os agradezco que me hayais invitado a este experimento de escribir relatos sobre un mismo tema. es muy interesante ver los diferentes puntos de vista y estilos. Enhorabuena por la idea.
      Un saludo

  3. Concha, en tu relato las escaleras son una buena metáfora de la vejez. Una barrera ascendente o quizá mejor dicho descendente que nos va separando de la vida o por lo menos de una vida activa. Me ha gustado que el relato sea un diálogo, lo más parecido en lenguaje escrito a una escalera.
    Un saludo.

    • Serian peldaños diferentes, el de la realidad de la cuidadora cariñosa y el de la vejez que transita por el mundo de los recuerdos. De ahi haber escogido el dialogo. Buena observación.
      Un saludo

  4. Dialogo muito bem construido. Real e triste. Escrever por encomenda não me atrai, mas este tema dava uma história gira se se pensasse numa escala de”caracol”( penso que as primeiras foram construidas em Espanha…ou Italia).

    • A pesar de la foto, mi relato era en una escalera de caracol, aquella siempre presente en los sueños inquietos, tanto da para hundirse en lo desconocido o evaporarse en el firmamento. Bien pensado

  5. esta bueno, concha. que terrible cuando no podes recordar q hiciste en el escalon anterior.
    salut,

    • Terrible e injusto. Me pregunto para que nos esforzamos tanto en las batallas diarias.

  6. […] 10 escaleras: De puntillas La escalera roja En la escalera La escalera La carta Cocktail La escalera del fondo Subir y bajar Donde nacen las ideas viven las […]

    • Un verdadero coctail de ideas. Que interesante ha sido esta propuesta. Contar conmigo para las próximas.
      Saludos

  7. […] En la escalera […]

    • Al final habeis construido una escalera literaria a fuerza de ideas. Ha sido un honor ser uno de los diez peldaños.
      un saludo

  8. Más vale tarde que nunca…

    La demencia senil, el recuerdo de lo vivido en esas cuatro paredes, las anécdotas que en una cabeza dan mil vueltas entrevesando el tiempo como si fuera una mentira.

    Me ha llamado muchísimo la atención la canversación en la que has planteado la idea.

    Un saludo.

    • Dos lenguajes que acercan y alejan a las únicas personas que comparten de un universo de enfermedad y duelo. Gracias por tus palabras que desde luego se acercan a mis intenciones.
      Un cordial saludo

  9. […] escalera” de Anne Fatosme – “De puntillas” – “La escalera roja” – “En la escalera” – “La escalera” de El saco roto – “La […]

  10. […] En la escalera. […]

  11. […] En la escalera, blog: Concha Huerta – Arte y […]

  12. Me gustó. Tierno diálogo entre la razón y la demencia al cruzarse por la escalera.
    Te añado a mi blog, si te parece.
    Cristina

    • Gracias Cristina y gracias por añadirme a tu blog.
      Un saludo

  13. Ayer me entretuve, es decir, paseé despacio, al pie de la escalera, invisible a las protagonistas. A ratos, lo confieso, me situaba en un plano superior, en lo alto de la escalera, invisible a las protagonistas, para que mi percepción conjugara esas dos dimensiones físicas. Y escuché lo que hablaban.
    También ayer me dejé llevar por tu escritura, participando sin molestar, discreto, inasible, en los debates que propones, en las tertulias tan improvisadas como sugerentes que organizas. Escuchaba, tomaba notas, reflexionaba y aprendía.
    M.A.

  14. Te agradezco mucho tus palabras. Me alegra saber que mi escritura sugiere mundos a quien la encuentra.
    Un saludo


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