Posteado por: Concha Huerta | 07/05/2012

Ángeles y demonios

Sábado, 10 de la mañana. Lluvia, frío, niebla. Que día tan triste para celebrar una fiesta. Tráfico, semáforos. Los cristales empañados. Entro en la Iglesia con el tiempo justo. Una alarma en el móvil. Espero que estés bien. Ya a no esperaba mensajes.

Me sorprende la vidriera y el crucifijo gigante sujeto por cables de acero. Y las flores blancas. Juan nos saluda desde el lateral y nos indica nuestro lugar en el banco de la familia, junto a los que no queremos recordar y mucho menos ver. El diablo aparece sobre tacones de aguja. Entierro los ojos en el misal para evitar su mirada.

Salen los niños. Alegres, nerviosos, ajenos a las maldades de un mundo que en tantos casos se ceba con ellos. Se colocan en dos filas a los lados del altar con sus vestiditos blancos, los cabellos recogidos con guirnaldas, chaquetas azules y camisas recién planchadas,  los ojos brillantes. Angelitos. Hoy es su gran día.

Transcurre la ceremonia entre frases sagradas y canciones alegres. El padre transforma la homilía en un cuento. Un acierto. Antes de la comunión Juanito le pasa el brazo a su hermana y la abraza, protegiéndola como tantas otras veces en su corta vida. Se me saltan las lágrimas.

Parroquia de los Dominicos. Sanchinarro. Madrid. Foto: C. Huerta


Responses

  1. Fantastico, me haces recordar muchas cosas. Gracias.

    • A veces olvidamos lo que no queremos ver pero la vida nos lo devuelve. un saludo

  2. El Bién, el mal, la inocencia, tres cosas que llenan la vida de luces y sombras inevitables e ineludibles.
    Un Abrazo 🙂 .

    • Que complicadas son las familias hoy en día. Un saludo

  3. Un día feliz con sabor amargo.

    Un abrazo.

    • Tienes razón, al menos los niños disfrutaron. Un saludo

  4. Mis sobrinos tomaron la comunión en esta misma iglesia. Tu escrito me ha traído recuerdos, más cercanos, los de mis sobrinos, y muy antiguos, de mi misma en las mismas circunstancias. La vida pasa, se abre como un abanico cuajado de flores blancas y esperanzas para irse cerrando poco a poco. Entiendo tu emoción.
    Un abrazo

    • La vida a veces se complica y muchas veces son los hijos los que sufren las consecuencias. Para mi que se han perdido los valores morales. Sera que soy de otra generación. Un saludo

  5. Lo mejor, lo auténtico es que los niños han sido felices y se sentirán reconfortados.
    Un abrazo.

    El tacón de aguja lo mismo se rompe.

    • Me emociono verles tan entusiasmados, que bien cantaban. Un saludo

  6. Vaya entrada más emotiva, que ganas tengo de que me toque verlo a mí…
    Besos

    • Espero que vuestra ceremonia sea más conciliada. Un saludo

  7. Lo del tacón de aguja, me ha recordado a la canción de Loca “Serpiente con tacón” (que por cierto me encanta 🙂 ) Cuando hay tirantezes, qué difícil se hacen estos acontecimientos verdad? suele pasar en las mejores familias. Lo que importa en este día, es la ilusión del niñ@…nada más. Yo tengo dos comuniones a primeros de junio…
    Me has traido recuerdos maravillosos Concha…un besito!

    • Cuanta razón tienes. Lo importante siempre son los niños y estos son adorables. Es solo que me parece injustisimo que hayan tenido que pasar por una letanía por falta de principios morales de una de las partes. Un saludo.

  8. Las reuniones familiares están llenas de sentimientos encontrados, pero los niños, aunque se dan cuenta, viven el momento y al final lo recordarán, a pesar de los adultos. El día no ayudaba nada. Saludos

    • Espero que lo recuerden con alegría. Ellos estaban muy contentos y emocionados. Y al final es lo que más importa. un saludo

  9. Concha, muy grafico y real,me ha encantado, besos de los niños….

  10. Cortito, directo, clarificador.
    Sí, las familias pueden ser complicadas, pero por los pequeños de la casa, y más en un día de tantos nervios, tanta exposición a lo externo y tanta pompa con la que lidiar, es mejor ponérselo fácil e ignorar, como hiciste, a la de tacones de aguja (sin que te pise, claro). Un beso

  11. CONCHA
    esta é a idade onde não há reservas, onde a amizade não se mede, nem se usa como moeda de troca. A grande verdade dos pequenos gestos. As lágrimas são a confissão de uma saudade.


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