Posteado por: Concha Huerta | 28/02/2017

Figuras Ocultas

Quería recomendar Figuras Ocultas (Hidden Figures), una de las candidatas a Mejor película en los últimos Oscar. Se trata de la adaptación del libro de Margot Lee Shetterly, sobre el papel de las mujeres de color en el lanzamiento de la carrera espacial en USA.

Año 1961, en plena Guerra fría la URSS lidera el programa espacial tras completar su primera órbita espacial el Sputnik. El presidente Kennedy presiona a la recién creada NASA para que pongan a su propio astronauta en el espacio. Los problemas no son pocos. Desde el punto de vista de la ingeniería, las cápsulas perdían sus escudos protectores en los túneles de viento, se desconoce cómo reacciona el cuerpo humano en el espacio, y tampoco se sabe cómo hacer que la nave una vez en el espacio vuelva a la Tierra.

Todo eso requería una ingente cantidad de cálculos matemáticos, que antes de la instalación del primer computador IBM, se hacían a mano. Lo primero que me sorprende es descubrir que el departamento de computación de Langley estaba exclusivamente integrado por mujeres. Y no digamos el descubrir a un pequeño grupo de mujeres de color, verdaderos genios de los números, que trabajaban semi-ocultas en el ala oeste de Langley.

Katherine Johnson (Taraji P Henson) pasó de niña prodigio de la geometría a ser la primera mujer de color que trabajo en las órbitas espaciales, resolviendo no pocos problemas. Luego conocemos a Dorothy Vaugham (Octavia Spencer) con un talento natural para el liderazgo y la mecánica, y a Jannelle Monae (Mary Jackson), la joven que conseguiría ser la primera graduada en ingeniería en una universidad de Virginia.

A pesar de las dificultades de la segregación, fueron capaces de aplicar su genio a algunos de los mayores problemas con que se encontraban la NASA, y su aportación resultó vital para que John Glenn pudiera completar su primera órbita alrededor de la Tierra y volver a casa sin problemas. Increíble que no se haya divulgado esta historia hasta ahora. Un hito histórico que lanzó a USA a la carrera espacial.

Figuras Ocultas me ha parecido es una película fantástica. Por la historia que estremece, más aun sabiendo que está basada en hechos reales. Por la actuación, sobresaliente, tanto las tres protagonistas como los secundarios entre los que sobresale Kevin Kostner, Kirsten Dunst, Jim Parsons y Mahershala Ali. Un reparto que ha sido premiado tanto por Sindicato de actores como en los Premios de la Crítica. Es una de esas películas en la que uno sale con el espíritu inflamado. Las cosas que puede hacer el ser humano cuando los retos son inimaginables. Todo un ejemplo.

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Posteado por: Concha Huerta | 17/02/2017

Australianos en la National Gallery

Hace algunos años los conservadores del museo Van Gogh de Ámsterdam descubrieron una inscripción en uno de los retratos más fieles que se conservan del artista. La inscripción decía, “Para Vincent, con amistad”. El autor y amigo resultó ser no un colega francés de los que le visitaban con frecuencia sino el australiano John Peter Russell, uno de los artistas cuya obra muestra la National Gallery en esta exposición .

Esta anécdota, poco conocida, nos muestra como artistas de tierras tan lejanas se vieron atraídos por la fascinación de un estilo que se abría paso en Europa a finales del XIX. En 1881, Russel abandona su trabajo como ingeniero en Sídney y viaja a Londres y después a París donde conocerá a Van Gogh, Toulouse Lautrec, Monet, Sisley y Matisse. Vivió 30 años en Francia dedicado a su pasión por la pintura. Russell abandonó el realismo inicial por una pintura llena de luz, pinceladas gruesas y colores, al estilo de los demás artistas australianos cuya obra descubrimos en esta exposición. Tom Roberts, Arthur Streeton y Charles Conder.

En la entrada un grupo de lienzos pequeños entre marcos enormes. Escenas netamente europeas, sobre todo francesas. Sin embargo, cuando se exhibieron en Melbourne en 1889, en una muestra que se llamó 9 x 5 (el tamaño en pulgadas de los lienzos) se prendió la llama impresionista en los artistas locales, contagiando sus lienzos de las técnicas y puntos de vista europeos. Arthur Streeton plasma en azules intensos el río Hawkesbury entre bancos de maíz dorado, Tom Roberts carruajes y vagones en la polvorienta calles de Melbourne.

Los paisajes se vuelven misteriosos, amenazadores, inmensos, con minas traicioneras y rebaños desesperados en busca de agua fresca. Los lienzos de gran formato, con colores y luces intensas. Sol, polvo, calor, verano. Imágenes de Australia desde el punto de vista de los colonizadores, sin una sola mención a aborígenes ni especies autóctonas, que nos dejan con un cierto sentimiento de pérdida.

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Antibes, c1890-92.  John Peter Russell. Foto: © Gallery of New South Wales, Sydney

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Trafalgar Square, 1904.  Tom Roberts. Foto: © Art Gallery of South Australia, Adelaida

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Arthur Streeton.  The purple noon’s transparent might, 1896. Foto: © National Gallery of Victoria, Melbourne.

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Impresionistas australianos. National Gallery de Londres. Hasta el 26 de marzo de 2017.

Posteado por: Concha Huerta | 01/02/2017

El Hombre que plantaba árboles

Hay libros que nos trasladan a mundos imaginados, otros a historias del pasado más o menos conocidas, libros sobre ficciones de mentes soñadoras,de sentimientos y experiencias de vida, sobre prácticamente cualquier tema. Qué complicado es elegir entre los cientos de títulos que encontramos en las librerías.

Por eso, cuando encuentro alguna joya me lleno de júbilo. Una joya como la última edición de El Hombre que plantaba árboles, de Jean Giono, con ilustraciones de Pepo Bianchessi. La obra de Jean Giono (1875-1970), autor francés que centraba su obra en la Provenza, mezcla un humanismo natural con una revuelta contra la sociedad del siglo XX, marcada por el totalitarismo y amenazada por la mediocridad.

El Hombre que plantaba arboles es un relato corto, apenas 60 páginas, publicado en 1953, sobre la relación entre el hombre y la naturaleza. Una fábula sobre el tesón y la bondad que surgen del cultivo de la tierra. Un canto de esperanza y alegría que recomiendo a los que como yo disfruten de la lectura.

1910. Un viajero se queda sin agua en un paraje desolado cerca de los Alpes hasta que se cruza con un pastor que le muestra un arrollo escondido. Intrigado por este personaje que vive tan aislado del mundo, decide quedarse unos días con él. El pastor, tras enviudar, decidió reforestar el páramo a golpe de bastón, con el que abre un hueco en la tierra, sembrado las bellotas que ha conseguido reunir. Cada día un poco más lejos.  Pasa el tiempo. El viajero, traumatizado por la Gran Guerra, decide volver a visitar al pastor. Quedará sorprendido con lo que encuentre.

Las palabras de El Hombre que plantaba árboles son sencillas, un bálsamo que irradia paz y nos devuelve la confianza en el género humano. Las ilustraciones, bellísimas. Qué acierto de reedición en estos tiempos de incertidumbre, donde vivimos desconcertados con tantas noticias que invaden nuestras rutinas. Qué maravilla poder dedicar un tiempo al recogimiento, a reconectar con lo más cercano a nuestro espíritu, la naturaleza.

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El Hombre que plantaba árboles. Jean Giono. Ilustraciones de Pepo Bianchessi. Duomo Ediciones. 2016. 60 págs.

Posteado por: Concha Huerta | 23/01/2017

Enero, frío, gripe

Tras unos días fantásticos llenos de luz y paseos por la playa, llego la ola de frío a la costa y con ella el malestar y las gripes. Yo aguante bastante bien hasta la semana pasada en que algún amigo o enemigo me regalo uno de esos virus que te dejan sin resuello. Al principio pensé que me había sentado mal la comida, nada que una dieta blanda no pudiera recuperar en un par de días. Al tercer día me di cuenta de que el cuerpo no me respondía. Apenas podía abandonar la cama ni mantener los parpados abiertos. Pase tres días en duermevela. Lo peor viajar en este estado. 55 minutos me parecieron una odisea y los pasillos de la T-4, infinitos. Por no hablar de los 3 grados de una ciudad que parecía un fantasma.

Estamos en invierno. Es normal es que haga frío. Pero a mí el frío no me va nada. Entré por la puerta y me fui directa a la cama. ¿Una noche? ¿Un día? Envuelta en el edredón las horas se difuminan. Sobrevivo a base de caldos y agua. Apenas puedo levantarme. El dolor de cabeza no me deja leer ni escuchar música.  Cierro los ojos y deseo que no me duela nada.

Esta tarde he conseguido levantarme, deshacer un poco la maleta y encender el ordenador. Se me agotaron las fuerzas. Ahora toca caldo de gallina y otra noche inmersa en un sueño profundo. A ver si mis defensas terminen ya con tanto intruso. Espero poder recuperar mis rutinas. Tengo una lista tan larga. Mañana o pasado mañana.

Desde aquí un recuerdo a todos aquellos que como yo han sido víctimas de esta gripe.

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T-4.  Foto: C. Huerta

Posteado por: Concha Huerta | 10/01/2017

Bairro do Avillez

8.30 p.m. Llegamos a la Rua Nova da Trindade dispuestas a probar Bairro, el nuevo espacio del chef José Avillez en el corazón del Chiado, un antiguo convento reconvertido en taberna, restaurante y barra donde además pueden adquirirse algunos de los productos del menú. Encontramos la taberna llena, desde que Bairro abrió en agosto es difícil encontrar mesa. Nosotros tenemos reserva en el Pateo (patio) frente a las cocinas, donde además de disfrutar de la comida se puede admirar al equipo de Avillez al completo.

José Avillez es un icono de la culinaria portuguesa. A sus 37 años cuenta con 2 estrellas Michelin por su restaurante Belcanto, donde presenta “una alta cocina portuguesa, sin tiempo, sin fechas”. Bairro es su sexto espacio en Lisboa, su ciudad natal, y además tiene un restaurante en Oporto y una tienda take-away en Cascais. Ha publicado 4 libros de recetas y en la actualidad colabora con un programa de radio y presenta un programa culinario en el canal SIC Mulher.

La cocina de José Avillez se caracteriza por rescatar las tradiciones portuguesas y darlas un toque nuevo y sorprendente, clave de su éxito junto con su espíritu emprendedor y la voluntad de ir siempre un paso adelante.  “Hace más de 500 años, un pueblo revolucionó el conocimiento sobre el mundo. Movido por la voluntad de conocer y descubrir. Consciente de los riesgos y de las dificultades. Los portugueses partieron de Lisboa en busca de novedades: de nuevos mares, nuevas tierras, nuevos lugares, nuevos pueblos y nuevos productos”.

Comenzamos con unos carabineros a la brasa, muy frescos y unas verduras con un aliño delicado de aceite y finas hierbas. De principales, probamos el arroz de bogavante y buey de mar, caldoso y muy sabroso, y el bacalao “a bras”, envuelto en cebolla y revuelto con huevo y patatas paja, suave y aterciopelado. En el Pateo reinan los pescados y el marisco. Servidos en cazuelas individuales de cobre. Un acierto. Y lo acompañamos con una sangría blanca bien fresca.

De postre probamos un mus de chocolate con helado y virutas de chocolate delicioso, un mus de maracuyá con sorbete de coco de presentación muy original y refrescante y un milhojas de pastel de nata a su manera, original tratamiento del hojaldre típico de Lisboa. Una cena espléndida.

Nos ha gustado mucho Bairro do Avillez. Por su espacio amplio y la decoración diferente, por lo bien que nos han atendido pero sobre todo por unos platos llenos de tradición con los mejores sabores portugueses. Sin duda uno de los mejores restaurantes de Lisboa. Volvemos seguro.

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Bairro do Avillez. Rua Nova de Trindade nº 18. 1200-466 Lisboa.  Tel. 21 583 0290

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Taberna. Bairro do Avillez.

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Arroz de bogavante y buey de mar. Pateo. Bairro do Avillez

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Bacalao “a bras”. Pateo. Bairro do Avillez

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Mousse de chocolate. Pateo. Bairro do Avillez. Fotos: C. Huerta

Posteado por: Concha Huerta | 02/01/2017

Comenzando con Dudamel el Año Nuevo.

Este año tuvimos una salida de año espléndida en compañía de amigos frente al Océano Atlántico. Una copa de champagne, fuegos artificiales y baile. Y que no falten las 12 uvas, nunca nos olvidamos de nuestras raíces. El primer día del año tocó descanso. Nuestra máxima aspiración, una butaca frente a la Tv una taza de té bien cargada. Nunca me pierdo el Concierto de Año Nuevo.

Comienza la retransmisión, las puertas del Musikverein se abren y la cámara nos conduce hasta la famosa Sala Dorada donde los afortunados que han conseguido una butaca, hay tanta demanda que se otorgan por sorteo, disfrutan de un concierto único inaugurado en 1931 con piezas de la familia Strauss.

En la batuta Gustavo Dudamel, pletórico y con una enorme sonrisa. Cuentan que cuando el primer violín de la Orquesta Filarmónica de Viena le llamó para ofrecerle el concierto, Dudamel dio un grito de alegría. No me extraña. A sus 35 años, se ha convertido en el maestro más joven en dirigir el Concierto de Año Nuevo. Toda una hazaña.

Las piezas escogidas este año resultan optimistas y alegres, con polkas rápidas y despreocupadas de Johann Strauss hijo y padre y siete piezas que no se habían incluido antes en este concierto. Entre ellas, la polca Pepita, con sus castañuelas, un homenaje de Johann Strauss hijo a la bailarina española Pepita de Oliva que causó furor en la Viena de 1853.

Nos dejamos acunar por sus compases armoniosos, entre imágenes de una Viena imperial poblada de palacios y museos. Dudamel transmite ilusión y alegría. Su rostro me recuerda a un niño travieso jugando con una batuta. Espero que no pierda nunca esa frescura. La orquesta impecable, estrenando diseños de Vivienne Westwood y su marido para conmemorar su 175 aniversario.

Al final no puedo evitar levantarme y danzar al compás del Danubio azul de Johann Strauss hijo. No importa cuántas veces lo escuche, siempre me contagia con su ritmo perfecto. Después toca dar palmas al son de la Marcha Radetzky de Johann Strauss padre, el broche obligatorio de este gran concierto. Y terminar aplaudiendo a Gustavo Dudamel frente a esta gran orquesta. El mejor modo de comenzar el año 2017.

”Vivimos en un tiempo de un poco de caos, pero como, filosóficamente hablando, cada caos tiene un orden”, la música puede ser “una posibilidad de recibir esperanza y belleza para así comenzar un año nuevo”, comentó Dudamel antes del concierto. Cuánta razón tiene.

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Gustavo Dudamel al frente de la Filarmónica de Viena. Concierto de Año Nuevo 2017. Foto: Ronald Zac.

Si pulsáis en el link en rojo de abajo podréis disfrutar de la Marcha final del concierto. !Feliz Año 2017!

http://www.rtve.es/drmn/embed/video/3851523

Posteado por: Concha Huerta | 28/12/2016

Jardiel en el María Guerrero

Tarde de teatro, llegamos al María Guerrero a las 20.30 para ver el montaje del Centro Dramático Nacional,  Jardiel, un escritor de ida y vuelta. En la primera escena aparece un Jardiel cincuentón y desilusionado ansioso por acabar una comedia para poder pagar los recibos. En un momento aparece Eloísa, que harta de estar “bajo el almendro” y de no aparecer en su famosa comedia le pide que le escriba una precuela.

Del diálogo surge una pregunta. ¿Se puede estar enamorado de un espectro? Y esta será la premisa de Un marido de ida y vuelta, otra comedia genial y alocada en la que el ingenio surrealista de Jardiel brilla entre disfraces, maridos abrumados, lámparas que se encienden solas y hasta un especialista en disfraces que no sabe nada de disfraces pero que quiere un puesto en la compañía de seguros del protagonista.

Pero si no sabe nada de seguros”, comenta una amiga, “Si, pero tampoco sabe nada de disfraces”, contesta la protagonista en uno de los diálogos más delirantes de esta comedia fantástica que nos arrancan carcajadas contínuas. Qué obra tan divertida.

El reparto estupendo. Lucía Quintana borda la esposa frívola descabezada, Jacobo Dicenta como Pepe el marido y futuro espectro. Paco Ochoa muy divertido como el tercero en discordia, con un cierto aire a Hugh Laurie. Sobresalientes Felipe Andrés, como el alocado Filacio y Paco Deniz, el mayordomo perfecto. Y que no falte la dama excéntrica, interpretada por la nieta del autor, todo un lujo.

Entre actos algunos monólogos sobre la vida del autor que sirven para dar el contrapunto a esta comedia tantas veces plagiada en el extranjero, hasta por el mismísimo Noel Coward. No me extraña. Jardiel Poncela era un genio. Y desde luego uno de mis autores favoritos. Una buena apuesta para quien quiera disfrutar de una sesión de carcajadas seguras.

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Jardiel, un escritor de ida y vuelta. A partir de la obra de Enrique Jardiel Poncela. Versión y dirección, Ernesto Caballero. Teatro María Guerrero. Hasta el 12 de febrero de 2017.

Posteado por: Concha Huerta | 16/12/2016

Navidad mágica.

Ayer pasé la tarde decorando la casa con un toque navideño. Este año me adelante yo para prepararlo todo antes de tu llegada. La alegría que le di a mi madre cuando me vio en la puerta de su casa. Un abrazo, algunas lágrimas. Siempre que vuelvo a Madrid me hace una gran fiesta. La encontré muy animada y más cuando le dije que tú también llegabas la semana próxima.

Por la tarde, ya en casa, desplegué el abeto guardado en una caja larga. Una a una fui colocando sus ramas hasta coronas la punta con una estrella dorada. Luego desembale las bolas blancas, los ángeles y las guirnaldas.  Y como se que te gustan los colores, animé las ramas con rojos y dorados. Rescate las bolas de cristal, tus favoritas, del fondo de otra caja y añadí estrellas de madera brillantes. Un toque luminoso para estos días de lluvia y niebla.

Sobre el Belén una estrella marca el camino de los  Reyes que ahora parece llegaron de Tartessos, y nosotros toda la vida creyendo que llegaron de Oriente, mucho más lejos. No me extraña. De Andalucía solo salen cosas buenas, como mi madre y mi abuela, siempre dispuesta a ayudar con una sonrisa en los labios. Cuantos recuerdos de mi abuela y, también de mi padre. Su presencia estas fiestas se hace más cercana e intensa.

Pinte unas piñas en dorados y las coloque en dos fruteros con ramas frescas de abeto y algunas bolas más pequeñas. Un par de cintas plateadas transformaron los sofás en regalos gigantes. Y para terminar poinsettias de hojas carmesí sobre aparadores y mesas. Cuánta alegría dan sobre las paredes blancas. Sus aromas y colores visten de Navidad el hogar que te espera. Qué ilusión que la Navidad nos devuelva a casa y podamos volver a disfrutar del cariño de nuestros seres queridos.

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Con mis mejores deseos para estas Fiestas navideñas.

 

Posteado por: Concha Huerta | 05/12/2016

Perlas de Navidad

Llega la Navidad y con ella la difícil tarea de encontrar un regalo adecuado para cada familiar o amigo. Para mí el mejor regalo es siempre un libro, de viajes, aventuras, leyendas. Siempre se aprende algo y además es uno de los regalos que más tiempo se disfruta. Este año tengo algunos clásicos preparados, Vieja Navidad de Washington Irving y La Perla del Nobel John Steinbeck, dos “perlas” para iluminar estas fiestas.

Editado originalmente en el Libro de apuntes (The Sketch book de Geoffrey Crayon, Gent, 1919,20) donde recoge alguna de sus historias más célebres como La leyenda de Sleepy Hollow o Rip Van Winkle, Vieja Navidad es probablemente el relato que dio la fama a Washington Irving en Europa y una de las fuentes de inspiración de la famosa Canción de Navidad de Charles Dickens, quien probablemente lo leyera de niño. Se trata de un relato nostálgico y humorístico de las celebraciones navideñas en una casa de campo inglesa. Un relato poco conocido en castellano imprescindible en estas fechas.

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Vieja navidad de Washington Irving. Traducción Oscar Mariscal. Ilustraciones de Randolph Caldecott. Editorial El Paseo. 2016.127 págs.

La Perla (The Pearl, 1947) es probablemente la novela corta más famosa de John Steinbeck. Se trata de una metáfora de varios de los problemas que la sociedad actual está viviendo en occidente. Desesperado por no poder pagar el tratamiento contra una picadura de escorpión de su hijo, Kino, un joven pescador se hace a la mar y encuentra una perla gigante. El descubrimiento altera la vida tranquila de la aldea y sobre todo la de Kino y su familia por la codicia y el abuso de quienes controlan sus vidas. La “música del hogar” que llenaba de alegría cada mañana de Kino se verá sustituida por la “música de la perla” y su destino sellado, por la codicia de quienes intentan arrebatársela con engaños y violencia.

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La Perla de John Steinbeck. Traducción de Horacio Vázquez Rial. Editorial Edhasa. 2002. 144 págs.

Posteado por: Concha Huerta | 29/11/2016

Me llamo Lucy Barton

Quería recomendaros la novela, Me Llamo Lucy Barton, que ha dado a conocer en España a Elizabeth Strout, ganadora del premio Pulitzer en 2009 por Olive Kitteridge, una colección de relatos sobre una mujer, su familia y amigos en la costa de Maine.

Me Llamo Lucy Barton trata sobre la complicada relación entre una madre y su hija a través de unas conversaciones aparentemente banales pero cargadas de sentimientos ocultos. “A mí me dan envidia los hombres porque son capaces de enumerar sus problemas, aunque sea simplificando mucho. En cambio, entre madres e hijas, las tensiones tienen formas infinitas. Cada relación es un problema diferente… Tan fuertes son los lazos y tan fuertes los impulsos por romperlos“.

Lucy es una chica pobre y de campo que, a través de la educación, se ha convertido en una neoyorquina sofisticada de clase media que aspira a ser escritora. Un día enferma e ingresa en el hospital. Al día siguiente despierta y se encuentra junto a la cama con su madre, de la que llevaba años alejada. Lucy y su madre apenas hablan, no saben cómo expresarse el afecto ni cómo penetrar en sus respectivos mundos, pero algo hay que las mantiene unidas. “Lucy ha tenido siempre el anhelo de tener a sus padres. Pero ellos no eran los padres que ella quería y por eso se marchó

Me Llamo Lucy Barton trata sobre madres e hijas, pero también sobre la pobreza y las diferencias entre las clases sociales y el anhelo de construir una propia vida, aunque ello suponga abandonar lo conocido y comenzar de nuevo. “Es una manera muy americana de vivir. Nosotros nos movemos mucho. Gente que se marcha, es eso lo que somos los americanos. No quiero hacer un juicio al respecto porque no hay una manera perfecta de vivir. Pero nosotros, a veces, también tenemos el anhelo de ser como la gente en Europa que se mantiene cerca de sus raíces”

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Me Llamo Lucy Barton de Elizabeth Strout. Duomo Editorial. 224 págs.

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